«Los médicos deben rechazar cualquier práctica que procure la muerte»
DOMINGO PÉREZ | ABC, 23-12-2009/ MADRID
Mientras la «Reforma Aído» espera a que, a partir de febrero, el Senado realice los retoques que considere oportuno, la contestación contra la ley del aborto y su deseo de adoctrinar en todos los niveles educativos, desde Primaria hasta la Universidad, crece sin parar. Los objetores a la nueva norma se multiplican entre el personal sanitario, los padres de alumnos y las universidades.
Al respecto, la Fundación CEU, como ya adelantó ABC, hizo pública ayer una declaración oficial sobre su postura. Ha sido refrendada por Alfredo Dagnino, presidente de la Fundación, Rafael Sánchez Saus, rector del CEU San Pablo, Inma Castilla de Cortázar, decana de la Facultad de Medicina,Alberto Parejo, rector del Cardenal Herrera por los directores de los hospitales universitarios del Grupo HM y hasta cuarenta decanos, videcanos, catedráticos, profesores y delegados de curso.
El documento consta de dos puntos. En el primero, bajo el epígrafe «Provocar el aborto nunca es una solución», se declara que: «No hay razones médicas para justificar la destrucción directa de un ser humano, por débil, inesperado o inoportuno, enfermo o pequeño que sea». Y recuerda que: «La obligación de los gobiernos, de la comunidad médica y de cualquier ciudadano de bien es ofrecer alternativas, en vez de proponer o imponer como la mejor opción la que atenta contra la vida del hijo, contra la dignidad de la madre y la que da por supuesta la irresponsabilidad del padre».
En su segundo apartado, que se titula «La Medicina por su propia naturaleza es un servicio a la fragilidad» se anuncia que: «No enseñaremos, en nuestras aulas, práctica alguna que contravenga la finalidad de aprender a curar o a aliviar». Y manifiesta «que los médicos y personal sanitario tenemos el deber de rechazar cualquier práctica que procure directamente la muerte, de acuerdo con una honorable tradición secular, a la que no estamos dispuestos a defraudar».
«Finalmente, -concluye el escrito- queremos rechazar toda pretensión de regular la objeción de conciencia que, por su propia naturaleza, no es «regulable». Frente a toda imposición la conciencia nos hace discernir entre lo que es digno o indigno del hombre, con independencia de la adscripción de cada cual a una determinada religión, pueblo, opción política o tradición cultural».